Tener el privilegio de entrevistar a una personalidad como Jordi Borja, es uno de los placeres que permite el habitar esta ciudad. Es que este catalán, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología., Master en urbanismo y Geografía, es una de las figuras más destacadas, tanto en su país como en múltiples lugares de América.
Ha desempeñado diferentes cargos:
Como docente, en la Universidad de Barcelona, y en otras del exterior.
En la administración pública:
Diputado en el Parlamento de Cataluña. Teniente de alcalde, y regidor en Relaciones Exteriores del Ayuntamiento de Barcelona.
Responsable del programa de Descentralización y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Barcelona.
En la actividad internacional ha sido:
Co –presidente ejecutivo del Programa Encuentros Europa –América Latina
Presidente de la Conferencia Eurociudades de 1989, y miembro del comité ejecutivo de Eurociudades desde entonces.
Co –director de la asesoría de Planes estratégicos de Río deJaneiro, Bogotá, Medellín, y antiguo Puerto Madero de Buenos Aires, habiendo participado también en los trabajos de planes estratégicos de Barcelona 2000 y Lisboa, entre otros muy destacados.
En el campo de la reforma político administrativa destacan sus trabajos en Buenos Aires y Santiago de Chile, así como sendos informes sobre elementos básicos para un régimen especial para las ciudades de Sao Paulo y México D.F.
Seguir describiendo su trayectoria nos dejaría sin espacio para el reportaje, así que paso a relatar la conversación que surgió de esta entrevista. Al haber podido hojear en su compañía pasajes de su próximo libro “La ciudad del deseo”, de muy pronta edición, también transcribiré algunos párrafos...
Jordi, ¿cuál es tu concepto de ciudad?
J.B: La ciudad es la concentración física de personas y edificios, diversidad de usos y de grupos, densidad de relaciones sociales.Es el lugar del civismo donde se dan procesos de cohesión social y se perciben los de exclusión, de pautas culturales que regulan los comportamientos colectivos, de identidad que se expresa material y simbólicamente en el espacio publico y en la vida ciudadana.Y es donde los ciudadanos se realizan en tanto que tales, mediante la participación en los asuntos públicos.
O sea la ciudad es intercambio, comercio, y cultura.
¿Dónde ubicamos en ese marco a la política?
J.B: La ciudad es históricamente el lugar de la política, del ejercicio del poder.Es anterior al Estado y probablemente destinada a durar más que los Estados en sus formas actuales.
Tu libro “La ciudad del deseo”, ¿desarrolla estas ideas?
J.B: Este libro se articula en torno de tres conceptos: ciudad, espacio público y ciudadanía.
Tres conceptos que pueden parecer casi redundantes, pero la hipótesis subyacente a lo largo de todo el texto es considerar que están relacionados dialécticamente, que ninguno de ellos puede existir sin los otros dos y que nuestra vida depende, en buena medida de esta relación.
Los valores vinculados a los derechos individuales y de expresión y construcción de identidades colectivas, de democracia participativa y de igualdad básica entre sus habitantes, estos valores, dependen de que el estatus de ciudadanía sea una realidad material y no solo un reconocimiento formal.
¿La ciudad aún vive?
J.B: Ahora es la globalización que la mata. Antes fue la metropolitanización que se desarrolló con la revolución industrial, y antes fue la ciudad barroca que se extendió fuera del recinto medieval.Periodicamete, cuando el cambio histórico parece acelerarse y es perceptible en las formas expansivas del desarrollo urbano, se decreta la muerte de la ciudad.
Entonces se asume, con pesar o con realismo “moderno”, el caos urbano.
Y sin embargo la ciudad renace cada día como la vida humana y nos exige creatividad para inventar las formas deseables para la nueva escala territorial y para combinar la inserción en redes con la construcción de lugares (o recuperación de los ya existentes).
Hoy la ciudad renace, también políticamente .Es un ámbito de confrontación de valores, y de intereses, de formación de proyectos colectivos y de hegemonías, de reivindicación de poder frente al Estado.
¿Eso significa la ciudad contra el Estado?
J.B: Todo lo contrario: significa el Estado actual como “república de ciudades”o democracia territorialmente plural de nuevas-viejas regiones que son hoy sistemas urbanos más o menos polarizados por un capital y/o fuertemente articulados por un conjunto de ciudades centro.En todo caso se cuestiona la relación tradicional de subordinación de la ciudad al Estado y se propone un nuevo reparto de competencias y recursos.
He leído muchas veces en tus libros, el concepto de ciudad como intercambio…
J.B:La ciudad vive cada día del intercambio, es la plaza, es el mercado .Intercambio supone paz y reglas, convivencia y pautas informales que regulen la vida colectiva.La ciudad es comercio y cultura, comercio de las ideas y cultura de la producción de bienes y servicios para los otros.Comercio y ciudad son tan indisolubles como campo y naturaleza.La ciudad existe como encuentro de flujos.
¿Cómo se constituye, desde tu perspectiva, la ciudad?
J.B: Se hace con ejes de continuidad que proporcionen perspectivas unificadoras, con elementos monumentales ,polisémicos, con rupturas que marquen territorios y diferencias y con centralidades que iluminen cada zona de la ciudad, sin que por ello anulen del todo áreas de oscuridad y de refugio.La ciudad sin estética no es ética, el urbanismo es algo más que una suma de recetas funcionales, al arquitectura urbana es un plus a la construcción.El plus es el sentido, el simbolismo, el placer ,la emoción, lo que suscita una relación sensual.La ciudad del deseo es la ciudad que se hace deseable y que estimula nuestros sentidos.
¿Cuál es la responsabilidad mayor del urbanismo?
J.B: Es la de producir espacio público, espacio funcional polivalente que relacione todo con todo.Que ordene la s relaciones entre los elementos construidos y las múltiples formas de movilidad y de permanencia de las personas.
Espacio público cualificado culturalmente para proporcionar continuidades y referencias, hitos urbanos y entornos protectores, cuya fuerza significante trascienda sus funciones aparentes.y concebido también, como instrumento de redistribución social, de cohesión comunitaria, de autoestima colectiva.
En el libro enumeras una serie muy importante de derechos ciudadanos, y me gustaría, reconozco que por una arbitraria elección personal, ya que todos son importantes, que te explayaras sobre dos: el derecho al medio ambiente y a la calidad de vida en primer término.
J.B: El derecho al medio ambiente a menudo se entiende exclusivamente desde una perspectiva preservacionista y de sostenibilidad.La calidad de vida va mucho más allá.Entiende el medio como protección, recalificación y uso social no solo del medio natural, también del patrimonio físico y cultural.Y la calidad de vida como posibilidad de desarrollarse según las orientaciones personales de cada uno,puede incluir derechos tan diversos como la privacidad, la belleza, la movilidad, el tiempo (compatibilidad de los tiempos urbanos), la lengua y cultura propias, el acceso fácil a la administración, etc.
¿Y sobre el derecho a la igualdad?
J.B: Es evidente y lo hemos tratado para el caso europeo que no han desaparecido las exclusiones legales.El solo hecho de una ley de extranjería ya es una prueba de la existencia de una población discriminada.
Por lo tanto unificar el status legal de todas las poblaciones que conviven en un territorio, es importantísimo. Pero no es suficiente. Pues la otra cara de esta política es no solo asumir la multiculturalidad, sino estimular la interculturalidad, el mutuo conocimiento de lenguas y culturas, pero también la aceptación de valores universales, aunque ello suponga la renuncia a ciertos comportamientos que los contrarían. Como ejemplo muy claro: a la condición de la mujer.La gobernabilidad democrática solo es posible si se basa en la igualdad formal de los ciudadanos y en un conjunto de políticas públicas cuyo objetivo sea reducir la desigualdad real.
¿Cómo sería, esencialmente, la ciudad del deseo?
J.B: La ciudad del deseo no es la ciudad ideal, utópica y especulativa.Es una ciudad pensada, deseada e inventada.Pero también es la ciudad resultante de aspiraciones y demandas, de intereses y conflictos.Es decir, la ciudad de los deseos.
María Rosa Solsona
Barcelona, 2003 |